Madagascar

De Antsirabe al Grand Tsingy por el río Tsiribihina

Tsiribihina

El viaje desde Antsirabe hasta el Grand Tsingy, en Bekopaka cruzando el río Tsiribihina tiene una parte buena y otra mala.

Empecemos por la mala, para quitarnos pronto el mal sabor de boca. Resulta que en Madagascar las distancias no son especialmente grandes, pero el estado de las carreteras y el transporte, hacen que pequeñas distancias, se hagan eternas. Y este es el caso de este trayecto, desde Antsirabe hasta Bekopaka.

El trayecto es de unos cuatrocientos kilómetros, y este es sin duda el viaje más duro que hemos hecho nunca. Acabamos muy cansados y tardamos dos días y medio en ir y dos en volver. Un pequeño imprevisto en el camino, hizo que durmiéramos en una pequeña aldea, Ambatolahy. El imprevisto en cuestión, más bien fue la suma de varias circunstancias.

El Madagascar planificar es realmente difícil si usas el taxi-brousse, vehículo por excelencia del país, usado mayoritariamente por la gente local. Los horarios nunca se cumplen, y es que hasta que no llenan el taxi-brousse no parten hacia el destino. En muchas ocasiones, las paradas en el camino son innumerables, pasajeros que llegan, otros que suben, etc, etc.

taxi-brousse

Y este fue uno de los primeros factores que hizo que este viaje llegara a ser interminable. Los vehículos no suelen ser cómodos, más bien todo lo contrario, pero eso es algo con lo que ya contábamos. Y por último, en la carretera que va desde Antsirabe hasta Morondava, los asaltos a taxi-brousse u otro vehículo suelen ser habituales. Los llevan a cabo ladrones de cebús reconvertidos al negocio más rentable de asaltar por la noche cualquier vehículo que pase por ciertas zonas.

Así pues, nuestro taxi-brousse tardó tanto en comenzar el viaje, y fueron tan numerosas las paradas, que se nos hizo de noche, y la policía no nos dejó avanzar, de modo que paramos en Ambatolahy hasta que fueron las cinco de la mañana para continuar.

Otra parte del viaje, que comienza en la Avenida de los Baobabs, la hicimos en 4×4, pero resulta que el camino es de tierra, y aún estábamos a mitad del camino.

En cualquier caso, el viaje, aunque muy duro y cansado mereció la pena por lo que vimos, y por disfrutar de un trekking por el increíble Grand Tsingy.

Puedes ver más sobre los taxi-brousse, cómo funcionan y alternativas de compañías que realmente merecen la pena en este enlace, Viajar en taxi-brousse por Madagascar, una historia de amor y odio.

Desde Antsirabe hasta Miandrivazo

Quizás esta sea la parte menos agradable del viaje, son alrededor de cuatro horas, y el paisaje es desolador debido a la brutal deforestación que sufre el país. Miandrivazo es una pequeña localidad que no tiene nada que ver, pero está a mitad de camino de Morondava, así pues, es una parada obligatoria.

Desde Miandrivazo hasta Morondava

Esta parte del viaje se puede dividir en dos, la primera resulta igual de desoladora que el camino hasta Miandrivazo. Pero la segunda parte, cuando nos vamos acercando hasta Morondava, el paisaje se torna más verde, ya hay más vegetación, y la verdad que es un placer mirar a través de la ventanilla del taxi-brousse.

Morondava

Morondava

Morondava

Desde Morondava hasta Belo Sur pasando el río Tsiribihina

Nosotros no llegamos hasta Morondava, pero nos quedamos muy cerca, en Mohabo, lugar en medio de la nada, un pequeño pueblo del que ni Google Maps se acuerda.

La Avenida de los Baobabs

A partir de ese momento empezamos a sentir que estábamos en Madagascar. Primero, una breve parada en un puesto pequeño ya muy cerca de la Avenida de los Baobabs y después a disfrutar de paisajes donde los protagonistas eran estos majestuosos árboles. Esta parte la hicimos en 4×4, ya que no es viable, o sería el infierno en la tierra hacerlo en taxi-brousse.

La Avenida de los Baobabs

Gente Madagascar

Pasamos por decenas de pequeños pueblos, vimos la vida del día a día, y aunque a veces se metía la arena dentro del coche, fue una grandísima experiencia.

Tsiribihina

Y lo mejor estaba por llegar, y con eso, no me refiero al Grand Tsingy, si no a la llegada a Belo Sur.
Para llegar hasta allí, teníamos que cruzar el río en una barca donde subía 4×4, hasta ocho vimos subir.

Tsiribihina

Tsiribihina

Nos tocó esperar nuestro turno, quizás una hora viendo como con mucha pericia algunos conductores, y otros no tanta, eran capaces de colocar el coche dentro de la barca. Debido al peso de los vehículos, tenían que hacer contrapesos para que esta no volcara.

Los niños de las aldeas cercanas disfrutaban más que nosotros con el espectáculo. Primero tenían que salir los vehículos que llegaban, y remontar una subida de arena bastante compleja. Y después cómo iban subiendo a la barca uno a uno los coches.

Tsiribihina

Niños Madagascar

El corto trayecto en la barca, a penas cuarenta minutos fue bastante agradable.

Tsiribihina

Y de nuevo, salir y remontar una cuesta de arena donde algunos 4×4 necesitaban que otros les engancharan, ya que eran incapaces de subir.

Tsiribihina

Belo Sur es una localidad pequeña, pero tiene un ambiente que te recuerda que estás en el África negra, tranquilo y con un sol que debe ser eterno.

Tsiribihina

Desde Belo Sur hasta Bekopaka

Este camino era atravesando un bosque que en ocasiones parecía hasta algo frondoso. Más camino de tierra, pero con cuestas y bajadas en pendientes pronunciadas. Y justo antes de llegar a Bekopaka, de nuevo otro río que atravesar. El atardecer dejaba que el sol se fundiera con el agua del río, y los chicos aprovechaban a echarnos unos cubos de agua sobre el coche para quitar la arena, a cambio de unos poco ariarys.

Bekopaka

Bekopaka

Desde luego, fue una muy buena experiencia, pero el cansancio fue enorme. Además, la sensación de no salir a penas de un vehículo, resultaba bastante agobiante, era como pasar el viaje dentro y no fuera.

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Sobre mí

Raúl

Me fascina viajar, y hasta cierto punto estoy obsesionado con los viajes. Siempre intento tener un billete de avión en la cartuchera.
Recuerdo el momento que por primera vez pisé el extranjero, tenía 18 años, ese fue un viaje de ida, aún quiero seguir conociendo más y más.

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