Tanzania

Seronera, rodando y acción

Seronera

Seronera es un área del Parque Nacional del Serengueti donde hay zonas habilitadas para la acampada. Hay que recordar que el Serengueti tiene un tamaño similar al de la provincia de Burgos, así que si nuestro safari dura dos días en el Serengueti, la mejor opción es quedarse en un área para poder explorarla tranquilamente.

En el primer artículo sobre el Serengueti contaba la experiencia de la llegada al parque, el encuentro con los leones, los ruidos nocturnos, y la increíble primera impresión del lugar.

Se puede decir sin ningún tipo de dudas, que si hay algo que diferencia al Serengueti del resto de parques donde hacer safari, es la acción, y ¿qué quiere decir la palabra acción? En algunos parques estamos acostumbrados a ver animales, simplemente animales, echados, andando, debajo de un árbol, sin embargo aquí la palabra acción es protagonista.

cebras en seronera

No he estado en muchos safaris, Tissamaharama en Sri Lanka fue el primero, un viaje a Johannesburgo me llevó a Pilanesberg, y antes de llegar al Serengueti, Taranguire fue el parque previo. Desde siempre, y realmente no sé en que momento empieza ese siempre, las vastas llanuras del Serengueti eran sinónimo de La Meca de la vida salvaje animal para mí, el lugar que era su paraíso y su infierno, donde la vida era dura, pero al fin y al cabo era, ya que en el resto del mundo, poco a poco la vida salvaje se ha ido confinando en zoos, para triste espectáculo de visitantes y moradores.

Un safari por Seronera

Es por ello que mis expectativas sobre este lugar eran altísimas, y he de decir que no me decepcionó en absoluto. La palabra acción toma todos los sentidos del mundo aquí. Al poco de atravesar la entrada principal, vimos una leona comiéndose un ñu, bebiendo agua y vigilándonos al pie de la rueda de uno de los coches.

leones acechando

Poco después vimos como una manada de jóvenes leones observaban el paso de los ñus, echados en las altas hierbas, preparándose para cazar. Vimos como miles de ñus corrían hacia el sur, en la tan impresionante migración.

Pero el segundo día, era el día de las escenas de documental. A los pocos minutos de salir en busca de la naturaleza viva del parque, nos encontramos una escena de lo más preciosa. Una manada de leones, donde había tres cachorros, cuatro hembras y un macho, se estaban dando un festín, acababan de cazar un ñu, bueno quizás habían pasado unas pocas horas. Muy cerca de ellos, un pequeño zorro orejudo (otra de las especies que hay en el parque) acechaba para conseguir alguna sobra de tan rico manjar. Eran las leonas las que le echaban, al principio rugiendo, y cuanto más atrevido era el zorro, más agresivas se ponían las hembras, haciéndole correr un poco.

Los cachorros ajenos a todo, jugaban a la sombra de una acacia junto con otra de las hembras. El macho con el estómago lleno, simplemente se echaba la siesta, no tenía mayor preocupación.

Pronto aparecieron los carroñeros por excelencia, las hienas. El acecho de estas era algo más agresivo que el del zorro, pero eran sólo dos hienas acechando a cuatro hembras y un macho, poco que conseguir, la hienas chillaban un poco, ese característico sonido histérico. Las leonas las mantenían a raya, pero cada vez se iban acercando más, toda la manada de leones había comido lo suficiente, y ellas lo sabían.

hienas soronera

Ese día fue el día de las hienas, un poco más adelante nos encontramos dos hienas, una de ella llevaba una pata de lo que pensamos que podía ser un ñu, pero a ella también la faltaba una pata, corría, detrás de ella otra hiena intentando robar el botín, y a lo lejos, debajo de unas acacias, otra manada de leones, echando la siesta.

Si hay algo que no me gusta nada de los safaris es la invasión que representamos los visitantes a los animales. Una de las escenas más impresionantes que vivimos durante este safari, fue cómo un guepardo coronaba una roca a apenas diez metros de nosotros. Cómo marcaba la roca con su olor, con sus heces.

Las fotos que sacamos son preciosas, únicas, pero… ¿Cuántos coches había alrededor? Quizás fuéramos diez, quizás mas. Pero eso no fue todo. Eran dos guepardos machos, uno algo más joven que el otro. Resulta que el guepardo más joven quería llegar a la roca junto a el otro, pero no podía superar el cerco de coches que rodeaban a su compañero, estaba atemorizado. Aullaba pidiendo ayuda a su compañero, que recio se erigía en la roca. Hasta que no nos fuimos no se juntaron de nuevo.

guepardo en soronera

El dilema moral es complicado, si no hubiera turistas interesados en visitar los parques no existirían estos. Si fuera así, los animales, todos, serían exterminados. Si, ya es difícil luchar contra los cazadores furtivos en los parques, imagina si no hubiera parques. Al existir los parques, los animales pueden vivir en un hábitat relativamente tranquilo, en términos de hombre-depredador. Pero por otro lado, viven con la incomodidad de los coches entrando y saliendo continuamente de su territorio. ¿Qué es mejor? Quizás que el hombre nunca hubiera salido de las cavernas.

buitres soronera

Siempre pensamos que las hienas son las que acechan para conseguir la carroña sobrante, y es cierto, pero quizás nunca pensemos que las hienas también sufren ese acoso.

Otra de las escenas de acción más impresionantes de las que disfrutamos durante nuestros dos días en el Serengueti, fue como dos hienas estaban comiendo los restos de un ñu, cazado posiblemente por unos leones. Poco a poco buitres se iban acercando donde se encontraban las hienas. Una hiena comía, la otra vigilaba, y de vez en cuando amenazaba a los buitres acercándose y chillándoles. Pero cada vez eran más y estaban más cerca. En un momento dado, nos dimos la vuelta, y cuál fue nuestra sorpresa al ver decenas de buitres mirando a las hienas desde las ramas de los árboles que había alrededor. Estaban levantando las alas, mostrando un tamaño irreal, hasta que finalmente las hienas se dieron por satisfechas, y dejaron que la cadena alimenticia de la naturaleza tomara el relevo.

De alguna manera queríamos ver una escena de caza, pero por otro lado, ver matar a otro animal, aunque sea un acto de supervivencia, matar para comer, quizás nos resultase poco o nada agradable. Pero hasta esa suerte tuvimos. A unos ciento cincuenta metros, y gracias a unos prismáticos que llevábamos (son casi fundamentales llevar unos a un safari), pudimos ver cómo un leopardo se lanzaba en busca de presa hacia una manada de cebras. Desde lo lejos vimos como una enorme polvareda se formaba debido a la estampida de las cebras. En este caso fueron más hábiles que el leopardo.

leopardo en arbol

Poco después, cansado, derrotado, el leopardo se iba acercando hacia nuestro coche, y a unos treinta metros, se subió a lo más alto de una acacia, a vigilar y a descansar.

Estas fueron las escenas de acción más impresionantes que vimos, no creo que tuviéramos suerte, simplemente el Serengueti es así, donde la acción está en cada esquina.

hipopótamo soronera

Fueron muchos más los animales que vimos, tranquilamente, en grandes charcas los hipopótamos se remojaban, monos en familia y así hasta un sinfín, exceptuando rinocerontes, ya que es el único de los cinco grandes que no hay en este parque, así que en la próxima parada, Parque Nacional del Ngorongoro, quizás lo veamos.

Sobre mí

Raúl

Viajero incansable, hasta cierto punto obsesionado con los viajes. Siempre intento tener un billete de avión en la cartuchera.
Recuerdo el momento que por primera vez pisé el extranjero, tenía 18 años, ese fue un viaje de ida, aún quiero seguir conociendo más y más.

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