Austria

Salzburgo, ciudad de cuento en el corazón de Europa

Salzburgo

Desde hace mucho tiempo hay un tipo de ciudades que me atraen especialmente, son las que llamo ciudades de cuento, y Salzburgo puede ser considerada como una de esas ciudades.

A mi pequeña lista de ciudades que más bien pareciera que te sumerges en un cuento de hadas o personajes de otra época, también añadiría Tallín, Praga, Riga, Cracovia y la bella Brujas, que visité hace ya demasiados años y apenas me quedan recuerdos, ni fotos.

Viajé a Salzburgo porque surgió una buena ocasión desde Munich, estaba cerca y podía ir y volver en el día sin mayor esfuerzo, además de resultar el billete extremadamente barato.

Si hablas de Salzburgo inmediatamente te viene a la cabeza la imagen de Mozart, que es el más ilustre de los habitantes que ha tenido esta pequeña ciudad austriaca.

Te puedes perder muy tranquilamente por las calles de esta ciudad tan pequeña pero a la vez tan grandiosa en términos monumentales. No llega a los 150.000 habitantes, y su centro encantador se pasea muy tranquilamente.

¿Qué ver en Salzsburgo en un día?

Llegué a la estación central de trenes, desde allí hasta el primer lugar para visitar se tarda alrededor de 10 minutos andando, hay que seguir por la calle Rainerstrasse hasta llegar al Palacio de Mirabell y su castillo.

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A partir de este momento es cuestión de sumergirse en la imaginación, poner atención en cada detalle, en cada color y disfrutar, disfrutar y disfrutar.

Supongo que habrás imaginado que si es tan turístico este lugar, estará lleno de turistas. Pues sí, no te has equivocado, si te gusta hacer fotos solitarias o pasear alejada de la marabunta de turistas, desde luego este no es tu sitio, es el precio que hay que pagar.

Jardines Mirabell

Los Jardines de Mirabell son de estilo francés, con sus caminos y sus flores, sus barandillas de piedra y sus esculturas vigilantes, un lugar pare deleitarse, fuera de los ruidos de la ciudad. Aunque en el caso de Salzsburgo, gracias a su tamaño, ni el tráfico ni los ruidos son un problema.

Salzburgo

Es el río Salzach el que cruza esta ciudad y además hace de frontera natural entre el centro histórico y el resto de la ciudad. Son varios los puentes que lo cruzan, y uno de ellos, peatonal es el Makartsteg.

Te recomendaría que si llevas plano lo guardes y que poco a poco vayas encontrando los lugares más conocidos, que vayas andando y de pronto te encuentres en la Plaza de la Catedral, o la Plaza de Mozart, o cualquier callejuela que te resulte increíble. Es tan pequeña esta ciudad que perderse resulta literalmente imposible.

El castillo, Fortaleza de Hohensalzburg

Uno de los grandes protagonistas de Salzburgo, sin duda alguna es el castillo, y las montañas que rodean esta ciudad.

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El castillo se puede ver desde casi cualquier punto de la ciudad, y me trajo el recuerdo del castillo de Bran en Rumanía, sí el castillo de Vlad Tepes, conocido como Drácula.

Para subir al castillo se usa un funicular, y el precio es de 15 euros (Julio 2016).

Una vez que estás arriba del todo, las vistas, mires por donde mires son espectaculares, por un lado se ve la otra gran montaña de la ciudad, Kapuzinerberg, al fondo, si no hay mucha niebla se ven los Alpes, si miras hacia abajo las vistas de la ciudad, con la catedral son impresionantes.

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Pero no solamente son vistas las que ofrece el castillo, también se pueden ver los aposentos reales, museos con armas de la época, la historia del propio castillo.

Salzburgo

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Y sí, aún hay más, el castillo contiene dentro una mini ciudad, y te puedes perder por los diferentes pasillos, buscar dónde te llevan, imaginar que estás en la Edad Media.

Salzburgo y sus callejuelas

Hay dos calles especialmente famosas y transitadas, son las Griesgasse y la Getreidegasse.

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Obviamente hoy todo está enfocado hacia el turismo, pero lo curioso es que se puede acceder de una calle a otra a través de los portales de las casas y sus patios, recorrerlos como un laberinto hasta llegar de un calle a la otra.

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La casa donde nación Mozart hoy es un museo y se encuentra en la calle Getreidegasse, un poco antes de llegar al ayuntamiento de la ciudad, Rathaus.

Merece la pena pasear por las calles e intentar perderse por ellas.

La Plaza de la Universidad

Es una plaza muy animada, por varios motivos, uno de ellos es porque siempre hay gente, y otro es porque hay un mercado que invita a comprar desde dulces y panes típicos de Salzsburgo hasta fruta y verdura si vives allí, como ves, este lugar no sólo es para turistas.

Residenzplatz, Karitelplatz y Mozartplatz

O como lo llamaríamos nosotros, Plaza Real, ya que está el Palacio Real allí, además de la catedral, el museo de Salzsburgo, y bastante ambiente.

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Y por el otro lado, está Karitelplatz, que de nuevo, la catedral es la gran protagonista, su tamaño es con mucho bastante más grande que cualquier otro edificio alrededor.

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La más pequeña de estas tres plazas que se unen la una con la siguiente es la Plaza de Mozart, donde se encuentra en el medio una escultura dedicada al genio de la música. Sólo un dato, con cinco años dio su primer concierto.

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Debido a la influencia que ha tenido la figura de Mozart en la ciudad, es muy fácil que en cada esquina hay pequeños grupos de músicos tocando, ya bien sea música clásica o música tirolesa, ataviados con los trajes folclóricos adecuados.

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Cómo ir de Munich a Salzburgo

Es bastante sencillo y barato. La estación de salida es la Haupbanhof de Munich, llegando a la Haupbanhof de Zalzsburgo.

Yo compré un billete de tren que cuesta 23 euros, vale para todo el día, y puedes coger cualquier tren con dirección o destino Munich-Salzburgo, ya que no compras un billete con un horario determinado.

La forma más sencilla es comprarlo en la propia estación en cualquiera de sus máquinas expendedoras, ya que existe la posibilidad de seleccionar castellano como idioma, si no te defiendes con el alemán o inglés.

Cuanta más gente vaya mejor, pues un billete para una persona cuesta 23 euros, para dos es algo más caro, 28 o así, pero ese es el precio de los billetes.

Sobre mí

Raúl

Viajero incansable, hasta cierto punto obsesionado con los viajes. Siempre intento tener un billete de avión en la cartuchera.
Recuerdo el momento que por primera vez pisé el extranjero, tenía 18 años, ese fue un viaje de ida, aún quiero seguir conociendo más y más.

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