Portugal

Lisboa, luz y la melancolía de los fados

Lisboa

Si hay tres cosas que para mi gusto caracterizan y diferencian Lisboa del resto de capitales o ciudades europeas que conozco son la luz del sol, los fados y el suelo, conformando curiosos mosaicos en las aceras.

Los fados son la representación verbalizada de lo que es el espíritu de sus habitantes. Mentiría si dijera que me impregné de fados en cada esquina de la ciudad, en cada callejuela donde hubiera una puerta abierta a un escenario, y mentiría, ya que ni vi a nadie cantando fados ni escuché en Lisboa en ningún momento un fado, ni en la radio.

Pero sí que escuché con devoción fados antes de llegar a la ciudad, y después me pasé a la lectura casi obsesiva de Fernando Pessoa y Antonio Lobo Antunes, grandes escritores portugueses. La música y la lectura en el antes y después de la visita a la ciudad me hicieron idealizar una de las ciudades más envejecidas y quizás donde la juventud está atrapada sin saber donde ir.

El centro era decadente, desde luego no tanto como el centro de Oporto, pero esa decadencia se debía a que es una zona de la ciudad donde sólo viven ancianos que hace años pudieron acceder a la compra de una vivienda allí. Ahora para los jóvenes, incluso el alquiler es un sueño inalcanzable, es falta de juventud genera decadencia.

Pareciera que hablo de Lisboa como un sitio del que huir, al que no ir nunca por si te quedaras atrapado entre sus cuestas, el Barrio Alto, el Tajo y el océano Atlántico, pero no, Lisboa es una ciudad increíble para conocer, es parte de la historia del continente, fueron aventureros que partieron de su puerto hacia las tierras más lejanas que el hombre ha conocido, llegaron a Indonesia, Tailandia, Malasia y un largo etcétera de países de otros continentes como Brasil.

¿Qué ver en Lisboa?

Son muchos los lugares que hay que visitar en la capital lusa, incluso yo invitaría a los viajeros perderse por las calles y callejuelas sin ningún temor a aparecer en cualquier lado. La ciudad es lo suficientemente pequeña como para caminarla, pero las cuestas se pueden convertir el periplo en una dura caminata. Siempre se puede usar el metro.

Esta ciudad merece la pena recorrerla por barrios e impregnarse de su vida.

La Baixa es un barrio marcado por el mayor desastre que sufrió la ciudad en el terremoto de 1755. Su recuperación se basó en la construcción de plazas y calles rectilíneas. La frontera imaginaria de este barrio con otros barrios son la Plaza del Comercio y la Plaza de Rossio, quizás una de las plazas más concurridas por propios y ajenos.

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La Plaza del Comercio es quizás la plaza por antonomasia más conocida de la ciudad, con sus paredes pintadas de amarillo, el Arco del Triunfo que da acceso a un plaza que mira directamente al río Tajo, ahí es donde te das cuenta que la luz de Lisboa es completamente diferente al de cualquier otro lugar.

El Rossio tiene una estación de metro increíble, estilo novecentista, cualquier rincón, edificio o callejuela de los alrededores te van a dejar con la boca abierta, sí, es Lisboa, un lugar increíble.

Barrio Alto y Chiado

Aunque Fernando Pessoa siempre anduvo más ligado a Baixa, su presencia en forma de estatua se encuentra en la Rua Garret, en el número 120, a las puertas de uno de los cafés más famosos de la ciudad, A Brasileira. Merece la pena entrar en el local y tomar algo, hacer un alto en el camino y dejarse deleitar por uno de los establecimientos donde parte de la cultura portuguesa se fraguó.

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El Barrio Alto, efectivamente está en una zona alta de la ciudad y para llegar, se puede hacer a través de un precioso ascensor, el de Santa Justa. Desde este elevador se puede disfrutar de unas increíbles vistas de la ciudad, y no es el único mirador, hay muchos más, pero de ellos hablaré más adelante.

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Si el elevador de Santa Justa impresiona, aún impresiona más el lugar al que da salida, la iglesia de Carmo. Lo primero que pensé cuando la vi, fue que era una antigua catedral derruida, impresionante.

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En este barrio de la ciudad hay una importante cantidad de iglesias y otra plaza, la Plaza de Largo Camoes, de nuevo, la historia ocupa cada rincón de la ciudad.

Restauradores, Avenida Liberdade hasta Mirador de Eduardo VII

Uno de los paseos que recuerdo con bastante nitidez fue llegar hasta el Mirador de Eduardo VII desde Restauradores, una gran plaza con un edificio más propio de París que de Lisboa, pero ahí está el Palacio Foz.

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Si tomamos la Avenida Liberdade empezaremos a pensar que estamos en el Paseo de la Castellana o Recoletos en Madrid, una arboleda, varios carriles de coches, edificios señoriales a cada lado, y una acera lo suficientemente ancha como para disfrutar de un paseo nos llevarán hasta la Plaza del Marqués de Pombal, uno de los grandes artífices de la recuperación del barrio de Baixa.

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Tengo que decir que poco a poco vas subiendo, no es un camino llano, por eso llegamos hasta un mirador que nos da una vista de gran amplitud de la ciudad, una vez que atravesamos el Parque Edurado VII.

Tranvía 28 y Fernando Pessoa

Quizás pueda parecer muy insistente con la figura de Fernando Pessoa cuando hablo de Lisboa, pero fue un personaje que dejó huella en la ciudad, y en la literatura universal, me leí a la vuelta el Libro del desasosiego, es algo denso, pero merece la pena, y el Banquero Anarquista, otra de sus grandes obras.

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Pessoa cogía todos los días el Tranvía 28, que lo llevaba desde Ourique hasta Baixa, donde podía reflexionar sobre lo que iba viendo en cada retazo de cada persona con que se cruzaba.

Hoy en día el tranvía sigue dando el mismo servicio, y la gracia está en que este tranvía está igual que en los años 30, nada ha cambiado, y hay zonas por donde pasa, que se podría decir que el tiempo se detuvo ahí.

Alfama y el Castillo de Lisboa

Este barrio es uno de los más populosos y más típicos de la ciudad, de los más antiguos, con callejuelas estrechas, que suben, bajan, tascas donde se juntan los parroquianos, la vida continúa como si nada, a pesar de aquellos que pasean cámara en mano. Este barrio me recordó mucho a Nápoles, y al barrio de la Sanitá en concreto.

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Si quieres disfrutar de este barrio tienes que mimetizarte con él, entra en sus tiendas, tómate una cerveza en sus bares, y prepárate para subir callejuelas.

Dos lugares que no puedes dejar de visitar, el Mirador de Santa Lucia y el castillo. Este último es una fortaleza bien conservada, y además pasear por el parque que lo rodea te hace olvidarte que estás en una ciudad, quizás sea más o menos la misma sensación que tuve cuando visité el Castillo de Chapultepec en Ciudad de México, un remanso de paz en medio de la jungla de asfalto.

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El Mirador de Santa Lucia es un curioso jardín azulejado, predominando el color azul. Y las vistas son increíbles.

Belém

Belém es un lugar completamente diferente al resto, ya que aquí si que podemos mirar al mar cara a cara, y quizás ese sea el motivo del Monumento a los Descubridores, que no han sido pocos. Un gigantesco mirador con forma de carabela. Lo mejor de todo es subir a lo más alto y disfrutar de las vistas.

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Cerca de la Torre de Belén hay otro extraño monumento dedicado a los combatientes de ultramar, hay que recordar de nuevo que los portugueses llegaron hasta los últimos confines de la tierra.

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La Torre de Belén es una torre que comparte la base con el mar y con la tierra, dependiendo de cómo esté la marea. Es un curios edificio, y como está rodeado de un parque, pues resulta un buen lugar para sentarse y disfrutar.

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Todo este área está lleno de parques, por lo que resulta muy agradable y amplio para pasear. Si alguna vez habéis estado en León y habéis visto en el Hostal de San Marcos, os resultará muy familiar el Monasterio de los Jerónimos, en cuanto lo vi fue lo primero que pensé.

Miradores de Lisboa

Lisboa, por su fisionomía, cuenta con numerosos miradores, muchos te los encontrarás casualmente paseando por las callejuelas de la ciudad, otros los buscarás pues son conocidos, pero todos te van a regalar unas increíbles vistas de esta ciudad llena de luz.

Aquí te hemos hablado de tres miradores, el elevado de Santa Justa, el Mirador de Santa Lucía y el Monumento a los Descubridores. Aún te quedan por visitar el Mirador de Sao Pedro de Alcántara, el Mirado de Nossa Senhora do Monte o Mirador de Gracia entre otros. Disfrútalos.

Cómo ir a Lisboa desde Costa da Caparica

Una de las opciones para visitar Lisboa es alojarse en la vecina Costa da Caparica, desde allí existe la posibilidad de coger un autobús de línea directa hasta Lisboa.

Si vas desde España, una opción es alquilar un coche para poder visitar los alrededores de la ciudad. Si decides alojarte en la Costa da Caparica, no será necesario que vayas hasta Lisboa en coche, usa mejor el transporte público.

Lisboa y sus alrededores resultan baratos para comer, quizás sea un poco más caro Sintra.

Seguro de viaje

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Sobre mí

Raúl

Me fascina viajar, y hasta cierto punto estoy obsesionado con los viajes. Siempre intento tener un billete de avión en la cartuchera.
Recuerdo el momento que por primera vez pisé el extranjero, tenía 18 años, ese fue un viaje de ida, aún quiero seguir conociendo más y más.

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