Irlanda

Galway y los acantilados de Moher

Qué ver en Irlanda

Irlanda es un país rural y bastante despoblado, lleno de imágenes bucólicas, ovejas y vacas por doquier. Carreteras estrechas pobladas a cada lado de una importante vegetación.

Esa imagen es la que predomina en la costa oeste de Irlanda con lugares como la ciudad costera de Galway, los acantilados de Moher, Sligo y Ennis.

Si dejamos Dublín y nos vamos hacia el oeste, nos acercaremos hasta la meca del surf, ya no sólo en Irlanda, si no en Europa. Hablamos de Sligo, pero Sligo no es sólo surf, si no también unos increíbles paisajes costeros.

Sligo

Un pequeño pueblo con un pequeño centro histórico, esta ciudad que no llega a ser ciudad. Un paseo por la ciudad que no es ciudad, por sus calles, y cruzando el puente del pequeño canal que se adentra. Quizás como en toda Irlanda, las iglesias están casi en cada calle, y en Sligo además tienen una catedral.

Costa Sligo

Llamará la atención el tamaño del puerto de Sligo, y es que desde allí, durante la Gran Hambruna entre los años 1845 y 1849, decenas de miles de irlandeses partieron hacia América y Australia.

Si nos adentramos más hacia la costa, por la estrecha carretera R291, y vamos abandonando poco a poco Sligo, a ocho kilómetros vamos a la playa que se encuentra en Rosses Point. Ahí podemos disfrutar de los increíbles paisajes y vistas en el océano Atlántico. ¿Por qué no pasar un día paseando por la tranquilidad de Sligo?.

Sligo ciudad

Cuando nos vamos alejando de Sligo, se puede hacer una pequeña parada en el cementerio megalítico de Carrowmore.

Galway

A dos horas en coche al sur de Sligo y poco más de 130 kilómetros está Galway, la ciudad más importante de la coste oeste irlandesa.

Una ciudad muy pequeña, pero llena de vida durante los trescientos sesenta y cinco días al año, a pesar de la lluvia. Y es que Galway puede que sea uno de los lugares donde más llueve en la lluviosa Irlanda.

¿Qué se ver y qué hacer en Galway?

Es una pequeña ciudad que se tiene que pasear, la calle con más vida y ambiente es la conocida como Shop Street y a continuación High Street, el Latin Quarter, Spanish Arch. La antigua fortaleza donde ahora se aloja el museo de la ciudad.

Calle Galway

Si seguimos por la ribera del Corrib, por una pintoresca calle con pequeñas casas de colores, el Long Walk, hasta llegar a un pequeño parque donde tirarse y ver el mar en la lejanía.

Si caminamos en dirección contraria por la ribera hasta la catedral de la ciudad. Otras calles como Church Yard, con un pequeño mercado de comida callejera, junto a la iglesia de San Nicolás.

Ria Galway

Perderse y encontrarse rápidamente por las calles de Galway y disfrutar del ambiente de un pub típico, y probar alguna de las diferentes cervezas más allá de la típica Guinnes.

Ennis

Seguimos bajando hacia el sur, unos 70 kilómetros, en una hora llegamos a la más pequeña aún Ennis. Un pueblo que podría estar en Estados Unidos, por la forma en la que están organizadas sus casas, en zonas residenciales.

Pero el centro del pueblo, atravesado por un río, el Fergus, es muy bonito, pasar una tarde paseando y cenando por cualquiera de sus restaurantes a precios realmente buenos y disfrutando de una rica pinta de cerveza.

La razón de llegar a Ennis no es otra que pasar la tarde para al día siguiente llegar hasta uno de los lugares más espectaculares de Irlanda, los acantilados de Moher. Un lugar agradable, a las afueras de Ennis es el Westbrook House, un Bed and Breakfast de precio módico. Donde si además tienes mascota, la puedes llevar. La mujer que lleve el B&B es muy agradable y siempre dispuesta a dar toda la información posible tanto de Ennis como de los acantilados de Moher.

En el siguiente enlace podéis comprobar la disponibilidad de alojamiento en el Westbrook House de Ennis.

Acantilados de Moher

Los acantilados de Moher se encuentran a unos 40 minutos en coche desde Ennis, y son el lugar más visitado de Irlanda con mucha diferencia. Hay quien piensa que es la fábrica de Guinnes en Dublín.

Estos acantilados son considerados una de las maravillas de la naturaleza, con más de 215 metros de altitud, y alrededor de 8 kilómetros de longitud se hacen impresionantes.

acantilados Moher

No hay que pagar entrada para entrar en el parque de los acantilados, pero hay que aparcar el coche, ya que, junto a los autocares y alguna bici, es el único medio de llegar. Y para aparcar el coche hay que pagar por número de ocupantes, 6 euros por adulto, los menores no pagan.

Se puede disfrutar de la inmensidad de los acantilados si el día está despejado.

Pasear por un camino marcado y sin saltar la valla por peligro de resbalarse y caer en las olas que golpean las paredes de los acantilados.

Mirar al fondo y ver que a lo lejos queda Estados Unidos, donde se dice que el 20 por ciento de la población tiene orígenes irlandeses. Eso quizás miraban los familiares de los emigrantes que huyeron de las hambrunas irlandesas.

Si todavía quedan ganas de ver más, que seguro que sí, se puede coger el Burren Way, una muy estrecha carretera frente al mar con un paisaje increíbles, hasta llegar a Ballyvaughan.

En este pequeño pueblo, como atracción más importante están las cuevas de Aillwee, nada espectacular, pero como siempre, esto es una opinión subjetiva.

Cerca de Ballyvaughan también se pueden visitar una tumba megalítica.

Tumba megalítica

Irlanda es un país pequeño pero con miles de pequeños rincones que visitar.

Alojamiento

Cuando hicimos este recorrido, elegimos quedarnos en Ennis para aprovechar mejor el tiempo.

El alojamiento en Ennis es una pequeña casa regentada por una amable pareja, donde además se pueden llevar animales. Westbrook House Bed and Breakfast. Esta fue nuestra primera vez en este lugar. La segunda vez que nos alojamos fue durante nuestra visita a La otra Irlanda, Kerry, Dingle y Cork.

Puedes ver la disponibilidad de habitaciones en este link, Westbrook House Bed and Breakfast.

Seguro de viaje

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Sobre mí

Raúl

Viajero incansable, hasta cierto punto obsesionado con los viajes. Siempre intento tener un billete de avión en la cartuchera.
Recuerdo el momento que por primera vez pisé el extranjero, tenía 18 años, ese fue un viaje de ida, aún quiero seguir conociendo más y más.

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