Tanzania

Amanecer en el Área de Conservación Ngorongoro

Entrada area de conservación Ngorongoro

Uno de los lugares que más expectativas había creado era el cráter del Ngorongoro, creo que nunca más voy a crearme expectativas de ningún sitio, es caer en un error constante. No puedes pretender conocer algo sin haber estado antes, sin haber tenido esas miles de sensaciones que te hacen sentir en un lugar determinado, olores, colores, sabores, todo.

Con esto no quiero decir que visitar el Ngorongoro no merezca la pena, ni mucho menos.

Ya habíamos atravesado el cráter de camino hacia Serengueti, ahora tocaba el camino contrario. Cuando atravesamos este parque pudimos observar gracias a la gentileza de otro turista, desde su potentísimo telescopio, situado en un mirador en el borde del cráter, qué era lo que estaba sucediendo ahí abajo, se veían con tanta nitidez las cebras, los ñus, que queríamos bajar ya.

Pudimos disfrutar por un rato del color verde que inunda cada rincón del cráter, de modo que ya teníamos en la cabeza que el Ngorongoro iba a ser otro safari tan espectacular como el Serengueti (dábamos por hecho que el Serengueti iba a ser increíble, y lo fue).

El Ngorongoro en números

Vamos a poner sobre la mesa algunos datos interesantes sobre el Ngorongoro para contextualizar tamaños. El diámetro del cráter es de alrededor de 20 kilómetros, desde el borde hasta la caldera de este hay alrededor de 600 metros de profundidad, que se baja a través de una carretera-camino con un importante desnivel. Es el cráter más grande del mundo, sí, del mundo, y debido a su tamaño, tiene la capacidad de albergar a los alrededor de 25.000 animales, obviamente estos números son cambiantes dependiendo de la época del año.

crater ngorongoro

¿Parece increíble no? Pues aún hay más, se le considera como el lugar del mundo con mayor cantidad y diversidad de especies animales, a diferencia del parque del Serengueti, en este área sí viven rinocerontes, a penas una treintena, además de los otros cuatro grandes de la naturaleza.

En un área del parque se encuentra un lago volcánico, donde se puede observar un manto rosado impresionante a lo lejos, son flamencos. La población de este ave en el parque es bastante grande, también vimos avestruces, un lugar increíble.

Todo este conjunto de naturaleza más que viva fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Los masáis

Después de atravesar de nuevo las poblaciones de masáis y entrar en el área de conservación, llegamos a lo más alto del cráter, donde se encontraba nuestro campamento, vigilado por masáis armados.

Una pequeña reseña sobre los masáis. En Tanzania se les considera como aguerridos y valientes cazadores, por eso se suelen dedicar en muchas zonas del país a la seguridad. Llevan siempre a la vista un impresionante machete, por su tamaño y complexión física creo que es mejor llevarse bien con ellos.

Los masáis viven en diferentes áreas de Tanzania y Kenia, aunque siempre se asocian a Kenia, su origen es tanzano. Con respecto a los parques naturales, estos eran su hogar, tanto Taranguire, Serengueti y Ngorongoro. Pero cuando se convirtieron estas áreas en zonas protegidas para la fauna y flora, se les invitó a abandonar tanto su hogar tradicional como su forma de vida, antes eran cazadores recolectores, ahora tienen completamente prohibida la caza, por razones obvias. Tampoco pueden cultivar, de nuevo, por razones de conservacionismo de estas reservas naturales. De modo que su forma de ganarse la vida es mediante la ganadería. Tienen en su mayoría cabras, pues son las que mejor se adaptan y más baratas resulta su mantenimiento. En alguna ocasión pudimos ver algún pequeño rebaño de vacas.

Otro problema al que se enfrentan los masáis es la estabulación de su ganado. Los mantienen dentro de sus poblados, en pequeños y rudimentarios establos, usando palos como vallas. Esto supone que en ocasiones leones ataquen estos establos en busca de comida. Los masáis tienen por desgracia, una forma de vida impuesta que está en constante intento de equilibrio.

Anochecer y amanecer en Ngorongoro

Llegamos sobre las cuatro de la tarde al campamento donde nos íbamos a alojar. Estaba compuesto por una pequeña edificación que eran las cocinas donde nuestro cocinero volvería a sorprendernos con sabrosísimos platos hechos con muy limitados ingredientes, un artista. Justo al lado estaba el comedor, y en frente una explanada infecta de tiendas de campaña, entre ellas las nuestras.

Además de este campamento, hay hoteles de lujo en el borde del cráter, los llamados Lodge, pero sus precios son bastante altos.

Mientras montábamos la tienda de campaña veíamos como el sol se iba yendo, se escondía, lo que daba lugar a dos cosas, una increíble carta de colores con combinaciones entre naranja, verde, azul y marrón, y la segunda cosa es el frío. No era una temperatura excesivamente fría, pero un buen abrigo de invierno se agradece.

El atardecer era como un momento mágico, a diferencia de Serengueti, hasta ahí arriba no llegaban las hienas ni los leones ni los búfalos, pero sí los elefantes. Un agradable e inmenso paquidermo se bebió medio tanque de agua situado en el techo del edificio de las duchas, por cierto, con agua caliente. De nuevo, las linternas se hacen imprescindibles en un lugar como este.

La aventura estaba a punto de empezar, en unas horas al amanecer, temprano desayunaríamos y descenderíamos hasta lo más profundo de la caldera en busca de la vida animal salvaje.

El amanecer, como el anochecer resultaron ser espectáculos increíbles, bajamos y la sensación que inundó mi cuerpo era sentirme preso en un pozo, desde luego que la extensión del cráter está lejos de hacerte sentir en el patio de una prisión, pero las paredes del cráter, de seiscientos metros de altura que rodean todo el parque sí que contribuyeron a sentir aquello.

Y de nuevo caminos, varios caminos por los que el todo terreno circulaba en busca de ese animal agazapado, el león, y de nuevo, bingo!! Nos encontramos con una manada de leones, ya comidos, la noche debió ser movidita, así que ahí se encontraban tumbados, y con pocas ganas de levantarse.

leones ngorongoro

Antes de ver los leones, de nuevo, el parque estaba inundado de ñus y cebras. También había bastantes hienas.

ñus ngorongoro

Otro de los lugares más visitados del parque era un lago con decenas de hipopótamos disfrutando de la tranquilidad que da bañarte en el agua sin ningún tipo de depredador acechando, sólo cámaras de fotos de vez en cuando.

hipopótamos ngorongoro

hipopótamos ngorongoro

La vida en el Ngorongoro es como en el Serengueti, pero de la misma manera que fuimos afortunados al ver las grandes migraciones de ñus, en este área de conservación, el clima era seco y empezaba a faltar comida, por lo que no pudimos ver tanto movimiento.

La otra estrella del parque son los rinocerontes, verlos está cotizado pues a penas queda una treintena. Nuestro guía fue capaz de encontrar uno tan lejos, que sólo con los prismáticos y poniendo gran atención pudimos verlo. En el Parque Nacional de Pilanesberg, Sudáfrica, tuve la suerte de estar a menos de tres metros de media docena de estos grandes de la naturaleza.

cebras ngorongoro

Era un día de mucho sol y calor, parecía que todos los animales se encontraran escondidos, sin ganas de gastar energía en nada, así que aunque no vimos escenas de acción como en Serengueti, sí que disfrutamos de un impresionante paisaje, un lugar que pareciera más el arca de Noé, o volver a la época prehistórica, en lo más profundo de un cráter. Inolvidable.

Alojamiento en el Ngorongoro

Nosotros tuvimos la suerte de quedarnos en una tienda de campaña en uno de los campamentos del Ngorongoro. Nos quedamos ahí porque era el lugar que entraba dentro del safari que habíamos contratado.

De todos modos, hay otros lugares donde alojarse, los llamados lodges. Normalmente el precio de estos suele ser más elevado. Si quieres ver cuáles son las opciones, precios y disponibilidad, puedes echar un vistazo en este link, Alojamiento en el Ngorongoro.

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Sobre mí

Raúl

Viajero incansable, hasta cierto punto obsesionado con los viajes. Siempre intento tener un billete de avión en la cartuchera.
Recuerdo el momento que por primera vez pisé el extranjero, tenía 18 años, ese fue un viaje de ida, aún quiero seguir conociendo más y más.

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